lunes, 24 de mayo de 2010

Como el agua

Hace años hablando con Alexandra aprendí que la vida y las personas son como el agua. No estoy seguro de que haya sido un aprendizaje consciente. Quizás sólo fue algo que desglosé de sus palabras, o a lo mejor sí lo dijo de ese modo pero no lo recuerdo bien.

Me gustó la idea de que en la vida lo que nos pasa es como un río. Con agua que fluye, con situaciones que se presentan en la corriente, con altas y bajas.

Me gustó la idea de que para que el agua se mantenga viva debe fluir. Para que nosotros nos mantengamos vivos tenemos que correr como el agua. Sólo así nos mantenemos frescos, sólo así nos oxigenamos y tenemos la posibilidad de seguir avanzando, de vivir sin quedarnos en el pasado.

Me aterra la imagen de un agua estancada en un solo sitio, pudriéndose cada día sin avanzar, siempre igual, y cada vez más enferma, contaminada sin sacar de sí todo lo que le hace daño, y sin ver nuevas aguas, nuevos puentes, nuevos ciclos, un agua aburrida que se torna peligrosa, incapaz de sostener vida.

Como el agua.
Hay que fluir como el agua.


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