domingo, 11 de octubre de 2015

Octubre 12



Tener la ventaja de la sabiduría y la madurez que da el tiempo para interpretar la historia a la luz de nuestros conceptos, ideales y prejuicios actuales, es altamente injusto para quienes vivieron en su tiempo sin saber de qué manera cruel o benévola serían juzgados por generaciones posteriores.

Ellos, al igual que nosotros ahora, solamente estaban haciendo lo que creían que debían hacer, de la manera que podían, con las herramientas que tenían a mano y bajo la ideología que los movía.  Poco y nada sabían ellos de los pensamientos "modernos" y la ética que actualmente nos moldea y con la cual los analizamos e intentamos comprender a través de las eras.

Nos creemos superiores porque "hemos avanzado" y somos "más civilizados" que los "bárbaros" que nos antecedieron.  ¿Mas cómo habrán de juzgar los habitantes del futuro a los primitivos seres que aún somos en este S. XXI, con tanto que desconocemos? ¿Con tanto que aún falta por descubrir y mejorar en nuestra sociedad?  Posiblemente lo harán del mismo modo que nosotros miramos al pasado (o quizá para entonces su pensamiento global sea tan elevado que podrán vernos con más comprensión y compasión de la que nosotros aplicamos a nuestro pasado).  No somos tan mejores que hace siglos, ni seremos tan buenos como los que nos sucederán.  Sólo podemos intentar ser y hacer lo que podamos por no equivocarnos tanto ahora.

Por eso, y aunque desde nuestra perspectiva actual el común grito de "América no fue descubierta, fue invadida y saqueada" tenga una dosis de verdad, pregonarlo airadamente no cambia absolutamente nada.

Insultar con toda la bilis xenófoba de nuestro tiempo y nuestro parroquiano sentir local a los españoles de hace 5 siglos rebajándolos al nivel de primates violentos e indolentes, mientras se ensalza como dioses atlantes a los antiguos nativos americanos no modificará sustancialmente nuestro estado actual de las cosas, ni nos hará mejores como sociedad. Y ciertamente no nos convierte de la noche a la mañana en una potencia del primer mundo.  Reescribir el pasado de forma tan apasionada y torcidamente parcializada -como suele sucedernos a algunos- puede ser un ejercicio tan fútil como peligroso.

Renegar del pasado y de los genes que nos dieron origen es altamente ofensivo contra nuestros padres, abuelos, y tantas generaciones que hicieron de nosotros lo que somos ahora.  ¿Quién de nosotros puede negar que su sangre americana está mezclada con europea y africana?
 
No solo eso: quedarse en ello es una forma facilista de evadir nuestras responsabilidades, y de culpar cómodamente a quienes ya murieron haciéndolos responsables por nuestro estado actual.

Gritar, reclamar, y poner en evidencia las injusticias no está mal. Lamentar el pasado no es pecado. Lo que si puede estar equivocado es no proponer algo más allá de ese discurso, no trabajar por el futuro. Porque mirar al pasado es inútil si no se hace para aprender y proponer un futuro mejor.  Por ello la idea es no quedarse contemplando amargamente al pasado, ni revisar crónica y venenosamente la historia: nosotros no vivimos allá, y por más que lo deseemos no podemos viajar en el tiempo a cambiarla para que se amolde a nuestras ilusiones y berrinches actuales.  Sólo con lamentos no se recuperará mágicamente el oro perdido.  Quizá con trabajo y esfuerzo sí. Y quizá también con mucho trabajo, estudio y dedicación se logre recuperar un pequeño chispazo de la riqueza cultural perdida. Porque ciertamente con imprecaiones jamás se logrará.

Hemos de superar esa pequeñez mental si queremos afrontar nuestro destino: ciertamente no estamos encaminados hacia el pasado para preocuparnos en exceso por él, estamos es avanzando hacia el futuro, que es nuestra prioridad. Por lo tanto ¿qué somos ahora, y qué herramientas tenemos ahora para hacer de nuestro momento y lugar actuales algo mejor?  ¿Qué hay que hacer para que nuestra familia, nuestros amigos, y los descendientes que vienen en camino tengan un sitio mejor del que nos han dejado los que nos antecedieron?  ¿Qué lecciones se pueden aprender de lo que ocurrió hace más de cinco siglos para realmente dejarle aquí y ahora algo de valor a la sociedad?

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